Antes de excavar, conocer los servicios enterrados ayuda a planificar la intervención y a identificar incertidumbres. El georradar puede aportar información sobre anomalías del subsuelo, pero no garantiza detectar todas las conducciones. Su interpretación debe combinarse con planos, antecedentes y comprobaciones apropiadas. El resultado es una base de información para el responsable de la obra, no una autorización automática para excavar.
Reúne los antecedentes disponibles
Solicita planos de redes, documentación de obras anteriores y datos de los responsables de las instalaciones. Comprueba fechas, cobertura y si los dibujos representan proyecto o ejecución final. Busca registros visibles, acometidas y cambios de pavimento que puedan orientar el estudio. Un plano antiguo puede ser útil, pero no debe considerarse una descripción completa del estado actual. Conviene registrar qué fuentes se han consultado y qué redes todavía no cuentan con información suficiente antes de definir la campaña.
Qué observa el georradar
El equipo registra respuestas electromagnéticas relacionadas con cambios en el subsuelo. La interpretación puede señalar patrones compatibles con conducciones u otros elementos. La respuesta depende de materiales, profundidad, condiciones del terreno y configuración de la adquisición. Por ello, un indicio no debe presentarse sin más como una tubería identificada con certeza. El informe debe diferenciar observaciones, interpretaciones y limitaciones, explicando qué información se ha podido contrastar mediante otras fuentes o métodos.
Define la zona y la cobertura
No siempre basta con recorrer la línea exacta de la excavación prevista. Puede interesar estudiar un entorno mayor para seguir trazados y entender conexiones. La malla de observación, los recorridos y los obstáculos deben planificarse según el objetivo. Vehículos, acopios, vegetación o superficies irregulares pueden dejar sectores sin cubrir. Esos huecos deben reflejarse en el plano. Una zona sin resultados no significa necesariamente que esté libre de servicios; puede indicar que la técnica no ha permitido interpretarlos.
Relaciona los indicios con el terreno
Las anomalías detectadas deben localizarse mediante referencias que permitan reconocerlas después. Un plano útil indica el área explorada, los recorridos relevantes, los elementos visibles y el criterio de posicionamiento. Si se estiman profundidades, deben comunicarse con sus condiciones de interpretación. La información debe poder trasladarse al equipo que realizará la obra sin perder el contexto. También interesa registrar la fecha, porque una modificación posterior de redes o superficies puede dejar desactualizada parte de la documentación.
Coordina las comprobaciones necesarias
El responsable de los trabajos debe valorar la información y establecer las medidas adecuadas conforme al emplazamiento y a las redes implicadas. Puede ser necesario consultar a los titulares de servicios o realizar verificaciones adicionales mediante procedimientos autorizados. El estudio topográfico no sustituye esa coordinación. Si aparece una contradicción entre un plano y un indicio, conviene registrarla y resolverla antes de intervenir en el punto afectado. La incertidumbre debe comunicarse de forma visible, no esconderse en una cifra aparentemente precisa.
Qué incluir en la consulta inicial
Indica ubicación, superficie, tipo de pavimento y objetivo de la excavación. Facilita los planos disponibles y explica si se trata de una calle, una parcela o un recinto industrial. Señala obstáculos y condiciones de acceso que puedan afectar a la toma de datos. En Topografía Girona puedes consultar el apoyo de georradar y la documentación topográfica del área para definir un alcance realista. La propuesta debe aclarar cobertura, entregables y límites, de modo que el resultado pueda integrarse en la planificación de obra.

